La Utopía No Existe
Herbert Marcuse manejó el concepto de Hombre Unidimensional para referirse a aquellos individuos que viven o, desgraciadamente, vivimos de una sola forma, contemplando en esta red de ires y venires llamada vida una única dimensión: El aspecto material. Bien pues, de estos sujetos es de donde considero ha nacido la palabra utopía, un algo inalcanzable, y es de ello sobre lo que pretendo explayarme en pos de aumentar la razón crítica y la esperanza en éste, nuestro complicado y enredado mundo.
Empezando por lo básico, surge entonces la necesidad de ahondar más en el concepto de Marcuse. La unidimensionalidad se da a raíz de la pérdida del lado humano, moral y emocional en la personas; dejan de ser hombres (y mujeres, ¿por qué no?) con varios enfoques para encasillarse sólo en lo material, lo supuesta y únicamente real, existente y etiquetable. Esto va sustentado por la razón instrumental, aquélla que Max Horkheimer nos ayudó a distinguir de la razón crítica por ser la óptima para resolver problemas exactos sin cuestionarse los motivos, sino el cómo llegar a lo requerido, y que ha ayudado desde siempre al desarrollo de la ciencia y va de la mano con lo material.
Si bien no podemos decir que el aspecto material y la ciencia son malos (porque el hombre no es sólo espíritu; necesita techo, alimento, ropa, medicina
) su exaltación frenética y carente de razones profundas trae graves estragos para todo el mundo. Uno de ellos es la creación de la utopía, que puede percibirse como un vago intento de ese típico hombre unidimensional por excusarse en su falta de visión, de esperanza.
Ya que para ellos no existe algo más allá de su rígido sistema, su rutina, su afán vertiginoso de adquirir bienes, su convencimiento latente de que la razón instrumental es absoluta y lo demás es prescindible
todo el resto de las cuestiones se han vuelto utopía, un sueño que es, a todas luces, inalcanzable, impensable, porque lo diferente y radical se les antoja imposible de realizar.
Es la falta de razón crítica lo que tiene a esos hombres estancados es su sola y bien conocida dimensión material; además, los medios de comunicación, la cultura y psicología de masas, la Mitologización del Pensamiento (por citar a Theodor Adorno) y el consumismo refuerzan constantemente esa idea de que las cosas son como son y punto, sin reflexionar en cómo llegaron a ser así, en cuál es su propósito, en cómo pueden cambiarse
Y antes de hacernos preguntas como ¿Qué se puede hacer para modificar todo esto?, ¿Cómo se logra retornarle al hombre esa otra dimensión humana de la que se ha desprendido o que nunca se le ha dado la oportunidad de tener? o ¿Cómo llegamos a la utilización de la razón crítica?, mucho antes de querer hacer cambios, es menester preguntarnos por qué las cosas siguen como están, ¿cómo lo hemos dejado pasar?, desde un punto de vista particular, claro, y si en realidad nos gustan así. No es válido echarle toda la culpa a la televisión o al sistema y decir que nos sentimos apabullados por ellos; hay que preguntarnos, también, si Erich Fromm (otra de esas mentes que participaron en el desarrollo de la Teoría Crítica) hablaba con verdad al decir que tememos a la libertad, que nos resulta sumamente difícil pensar por nosotros mismos y tomar nuestras decisiones sin someternos a las ya patológicas relaciones de poder.
¿Es por ello que se ha inventado la utopía? ¿Porque el hombre sometido al sistema, sea capitalista o socialista, y a su misma falta de esperanza busca un pretexto para justificarse? ¿Por el conformismo, por lo fácil que resulta seguir lo ya establecido?
Con todo, aquí no se trata de que el hombre se crea omnipotente, para nada, pero contemplar todo lo diferente y radical como utópico no ayuda a salir las condiciones actuales, porque desde el mismo momento en que lo evaluamos como inalcanzable nos desaparece todo deseo de intento; y aquellos hombres de la escuela de Frankfurt, donde nació la Teoría Crítica, sostenían que el precedente de cualquier cambio era el anhelo. No se puede lograr algo sin desearlo.
Además, la Teoría Crítica no es sólo una corriente que trata de despertar en las personas la razón crítica, es un intento de revolución mediante la utilización de ésta última. Ya no hablemos de revoluciones de la clase obrera, como sostenía Karl Marx, porque es ésta la que más aboga por su sistema material y explotador, sino de los sectores marginados (a visión de Marcuse).
Pero primero, el cambio debe venir de dentro de cada uno; somos individuos, no masas tal y como se nos maneja; que el hombre se desprenda del conformismo, que se cuestione las razones de sus actos y contemple las consecuencias, que halla manifestaciones de desobediencia civil (como diría Erich Fromm), que se olvide del individualismo, que no se reprima sólo porque parece lo más civilizado, que valore no sólo lo cuantitativo y susceptible de ser analizado por la razón instrumental, que no intente llenar los huecos de su alma con cosas materiales, que se desembarace de esa noción de utopía que tiene del cambio y no la haga proliferar más.
El hombre no debe convencerse de la existencia de la utopía hasta estar completamente seguro por sí mismo de que no puede tocar el horizonte y debe albergar siempre esperanza y anhelo, cosas que no vienen de fuera; imposible esperar que el sistema nos las dé, que los medios de comunicación las alimenten, que lo material las supla. Todo eso es inherente al hombre bidimensional, el que tiene no sólo su lado material sino también uno humano (sentimientos, instintos, moral, valores, emociones
). Y que es complicado, pues lo es; ese lado humano puede resultar la cosa más contradictoria y el generador de dolores de cabeza más grande que pueda conocerse, pero es menester que lo tengamos. Ya que lo humano y espiritual no acepta la rigidez de la razón instrumental y no se somete ante el cálculo y los números, alberga consigo la esperanza (a veces fundamentada, a veces ciega) de algo diferente en el futuro; no es capaz, tampoco, el aspecto humano, de ceder ante la realidad que lo reprime y delimita como si fuera una cosa medible y etiquetable.
Así pues, no hay que dejarnos llevar por las cosas materiales (el trabajo, los bienes
) a riesgo de que nos devoren con el ansia con la que nosotros las adquirimos; por la razón instrumental, que corta de tajo nuestra capacidad de concebir algo diferente y mejor. Claro, tampoco podemos prescindir de esas cosas (estaríamos avanzando hacia atrás), ya que la Teoría Crítica bien dice que ello representaría un retroceso hacia la falta de cualquier tipo de razón y una jungla salvaje y antigua de instintos sin control. Más bien, y junto con el cambio y la revolución, se trata de una unión entre razón crítica e instrumental, entre lo material y lo humano. Y para ello, hay que convencernos de que la utopía no existe, de que podemos lograr lo que los demás consideran irrealizable y demostrarle al mundo que el sistema no es eterno.














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"ya fui camello, aún hoy intento ser león... más adelante, tal vez considere el ser niño."
I was a pacifist... or at least it's what I used to think I was...
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